No quiero hacer poesía rimando palabras, no quiero dividir en prosa mi rendición.
Quiero decir lisa y llanamente que me encanta.
Esa sonrisa que viene de la boca, del cuello y hasta la raíz de los senos sólo para distraerme un momento. Si hasta a veces pienso que las manos sonríen al levantar el cigarro.
Quiero decir que no hay ritmo que no se acople a esa cintura desequilibrada, un vestíbulo entre cuerpos que en su minimalismo encuentra su forma de brillar, un abdomen de porcelana en el que lo único que puedo pensar es sobre cuán suave pueden ser mis manos o mis labios sobre él.
Quiero decir que cada lunar es un párrafo en la historia del cuerpo, y que cuando se les ocurren estar entre los senos, son como esa página maldita que siempre aparece cuando quiero ojear. Cada cicatriz, cada historia: y con historia me refiero a una excusa para escuchar tu voz. Perdón, dije "TU voz"? Esto ya empieza a sonar personal. Pero de verdad me gusta estar escuchando tus ojos, mirando tus labios articular palabras.
Quiero decir que las patas de gallo, las marcas de una sonrisa sempiterna, los párpados sostenidos por las pestañas, y hasta los párpados tersos e independientes son parte del buffet visual al que me veo enfrentado cada vez que debo presentar una mirada cómplice, una retroalimentación.
Quiero hablar de la fragilidad, de la humillación de la carne cada vez que te tomo de un brazo débil, a veces huesudo. Al sentir un tórax que sólo da espacio para costillas, y que pide perdón por la falta de protección con un par de senos, orgullosos. Grandes o pequeños, no lo sé. Pero que siempre buscan un momento de gloria para imponerse.
Quiero hablar de las piernas a veces, de las corvas tímidas, de las rodillas enclenques, de unos muslos carnosos, de tobillos frágiles, de pies suaves, de nalgas rebeldes guardadas en unos pantalones déspotas.
Tengo tantas cosas que hablar más allá de las tetas grandes, del culo firme, de la cara tierna...
Pero la verdad, lo único que quiero (y de verdad deseo)es poder, sin morir en el intento, decir a quemarropa: mijita rica.
sábado 8 de octubre de 2011
domingo 28 de agosto de 2011
*cha cha cacha*
*cha cha cacha*, *cha cha cacha* hace el tren en su constante movimiento
siento el remezón bajo mis muslos, hacia mi espalda, mi cabeza.
Mi mirada no lo siente: está entrenada para mantener la vista fija.
Pasan los árboles, pasan los postes, pasa un tren apurado hacia el otro lado.
Los cables descienden lentamente, suben y golpean un poste. Y descienden de nuevo.
A veces, si dejo de prestar atención, veo mi propio reflejo contra el vidrio, convirtiéndome en parte del paisaje: Estoy ahí sentado, esperando el tren.
La banca fría bajo mis muslos, endereza mi espalda, mi cabeza.
Mi mirada no lo siente: está entrenada para mantener la vista fija.
Pasa un tren, ralentiza, se detiene. Entra gente, sale gente, se va el tren. Y otro, y otro.
*cha cha cacha*, *cha cha cacha*, dejo de mirar mi imagen en la ventana.
El tren me mueve, apenas siento el empujón del respaldo, pero sé que avanzo más rápido de lo que podría con mis propios pies. Porque así somos quienes vinimos a viajar.
Caminamos paso a paso, espalda derecha, a veces encorvada-
Mi mirada no lo siente: está entrenada para mantener la vista fija.
Pasan los árboles, pasan los postes, pasa un tren apurado hacia el otro lado.
Los cables bajan lentamente, suben y golpean un poste. Y descienden de nuevo.
Ya no sé cuánto tiempo llevo en este tren, moviéndome.
Tampoco sé cuánto tiempo llevo, al mismo tiempo, esperando en el andén
*cha cha cacha*, cha cha cacha*
siento el remezón bajo mis muslos, hacia mi espalda, mi cabeza.
Mi mirada no lo siente: está entrenada para mantener la vista fija.
Pasan los árboles, pasan los postes, pasa un tren apurado hacia el otro lado.
Los cables descienden lentamente, suben y golpean un poste. Y descienden de nuevo.
A veces, si dejo de prestar atención, veo mi propio reflejo contra el vidrio, convirtiéndome en parte del paisaje: Estoy ahí sentado, esperando el tren.
La banca fría bajo mis muslos, endereza mi espalda, mi cabeza.
Mi mirada no lo siente: está entrenada para mantener la vista fija.
Pasa un tren, ralentiza, se detiene. Entra gente, sale gente, se va el tren. Y otro, y otro.
*cha cha cacha*, *cha cha cacha*, dejo de mirar mi imagen en la ventana.
El tren me mueve, apenas siento el empujón del respaldo, pero sé que avanzo más rápido de lo que podría con mis propios pies. Porque así somos quienes vinimos a viajar.
Caminamos paso a paso, espalda derecha, a veces encorvada-
Mi mirada no lo siente: está entrenada para mantener la vista fija.
Pasan los árboles, pasan los postes, pasa un tren apurado hacia el otro lado.
Los cables bajan lentamente, suben y golpean un poste. Y descienden de nuevo.
Ya no sé cuánto tiempo llevo en este tren, moviéndome.
Tampoco sé cuánto tiempo llevo, al mismo tiempo, esperando en el andén
*cha cha cacha*, cha cha cacha*
miércoles 19 de enero de 2011
Nacer
Creo qeu todos nos preguntamos por qué no recordamos cuando nacimos, o cunado la vida comenzó.
A veces, uno se sienta con un pie sobre el otro, tapando la vena-no-sé-cómo-se-llama y duerme la extremidad... uno no la siente, ni tampoco responde... pero luego de un rato, el calor llega con un ligero hormigueo, retoma el color y uno empieza a sentir un dolor, es la vida inyectándose de vuelta al pie. O cuando uno se levanta de golpe y la lipotimia llega a un punto en que es imposible escuchar, ni ver... sólo se puede sentir la sombra de lo que se tiene al frente, para ver poco a poco cómo el mundo se arma frente a los ojos, con esa sensación de pesadez, que hace sentir cómo la cabeza se hace real, junto al mundo... Y no fue un momento de ver negro, sino de realmente no ver nada, ceguera y sordera casi absoluta. Si uno alcanza a verse al espejo mientras esto ocurre, puede ver su cara, pero no reconocerla como una cara... simpemente un borrón de colores que poco a poco logran formar una figura, de la cual sólo logro reconocer mis propios ojos, y veo cómo un rostro lívido se colorea de rosado con sangre perezosa que no logró subir en una primera instancia.
Me pregunto cómo debe haberse sentido comenzar la vida, o comenzar a ver las primeras imágenes, imagino ese dolor que se siente cuando la sangre reclama sus terrenos. Ese dolor vivo, no debe distar mucho la experiencia... ojalá pudiera recordar haber nacido.
A veces, uno se sienta con un pie sobre el otro, tapando la vena-no-sé-cómo-se-llama y duerme la extremidad... uno no la siente, ni tampoco responde... pero luego de un rato, el calor llega con un ligero hormigueo, retoma el color y uno empieza a sentir un dolor, es la vida inyectándose de vuelta al pie. O cuando uno se levanta de golpe y la lipotimia llega a un punto en que es imposible escuchar, ni ver... sólo se puede sentir la sombra de lo que se tiene al frente, para ver poco a poco cómo el mundo se arma frente a los ojos, con esa sensación de pesadez, que hace sentir cómo la cabeza se hace real, junto al mundo... Y no fue un momento de ver negro, sino de realmente no ver nada, ceguera y sordera casi absoluta. Si uno alcanza a verse al espejo mientras esto ocurre, puede ver su cara, pero no reconocerla como una cara... simpemente un borrón de colores que poco a poco logran formar una figura, de la cual sólo logro reconocer mis propios ojos, y veo cómo un rostro lívido se colorea de rosado con sangre perezosa que no logró subir en una primera instancia.
Me pregunto cómo debe haberse sentido comenzar la vida, o comenzar a ver las primeras imágenes, imagino ese dolor que se siente cuando la sangre reclama sus terrenos. Ese dolor vivo, no debe distar mucho la experiencia... ojalá pudiera recordar haber nacido.
lunes 27 de diciembre de 2010
el (tor)mentol de la (tor)menta
Se abre la puerta y salta ese olor.
entras nadando en ese dulce aroma.
estás sentado y no sabes cómo te teletransportas.
ese color claro y cambiante.
la fragilidad y entrega.
las puertas del alma. quiero decir, las compuertas, portones del alma.
después de un rato, el olor disminuye.
no.
te acostumbraste.
comienzas a anhelar sentir el olor nuevamente.
y sólo el aliento vence la reminiscencia.
una patada aromática que te invita a nadar
un olor celeste en el que nada la boca.
ya estás cerca. en la fauces del lobo.
las fragilidades: su fragilidad, tu fragilidad.
Malvenido es el tormento
que promete placer.
entras nadando en ese dulce aroma.
estás sentado y no sabes cómo te teletransportas.
ese color claro y cambiante.
la fragilidad y entrega.
las puertas del alma. quiero decir, las compuertas, portones del alma.
después de un rato, el olor disminuye.
no.
te acostumbraste.
comienzas a anhelar sentir el olor nuevamente.
y sólo el aliento vence la reminiscencia.
una patada aromática que te invita a nadar
un olor celeste en el que nada la boca.
ya estás cerca. en la fauces del lobo.
las fragilidades: su fragilidad, tu fragilidad.
Malvenido es el tormento
que promete placer.
sábado 25 de diciembre de 2010
domingo 17 de octubre de 2010
Silencio
Acabo de gritar.
Usé fuerza, mas mi garganta no se dañó.
Luego, hubo silencio.
Y eso es lo que queda acá, por un buen tiempo. silencio.
Por un momento creí que terminar era más fácil. Quiero decir, sabía que era complicado, pero es mucho más complicado, en realidad.
Ahora, como soy un poco masoquista, escucho Alba Molina, la que empezó todo ésto, la que lanzó el hechizo.
Resulta que terminar tiene dos fases, una es la primera avanzada, dañas y rompes. Pones la idea al frente, pero se lleva a medias... Sin embargo, el lazo queda ahí. Y la parte realmente difícil: Es como cuando antes de pololear se esperaba a que el sentimiento floreciera y se asegurara en sí, se confirmaba. Ahora es una fatídica parodia de aquella canción. Pasa un tiempo en el que se deja que la mala hierba del adiós asiente sus raíces y opaque el paisaje. Luego, uno al sacar la maleza se da cuenta de que queda sólo un terreno, baldío.
Gritas. Usas fuerza, pero tu garganta no se rompe. Es la ilusión que acabas de romper que se expresa a través de tu cuerpo.
Luego, hay silencio.
Ahora...
Usé fuerza, mas mi garganta no se dañó.
Luego, hubo silencio.
Y eso es lo que queda acá, por un buen tiempo. silencio.
Por un momento creí que terminar era más fácil. Quiero decir, sabía que era complicado, pero es mucho más complicado, en realidad.
Ahora, como soy un poco masoquista, escucho Alba Molina, la que empezó todo ésto, la que lanzó el hechizo.
Resulta que terminar tiene dos fases, una es la primera avanzada, dañas y rompes. Pones la idea al frente, pero se lleva a medias... Sin embargo, el lazo queda ahí. Y la parte realmente difícil: Es como cuando antes de pololear se esperaba a que el sentimiento floreciera y se asegurara en sí, se confirmaba. Ahora es una fatídica parodia de aquella canción. Pasa un tiempo en el que se deja que la mala hierba del adiós asiente sus raíces y opaque el paisaje. Luego, uno al sacar la maleza se da cuenta de que queda sólo un terreno, baldío.
Gritas. Usas fuerza, pero tu garganta no se rompe. Es la ilusión que acabas de romper que se expresa a través de tu cuerpo.
Luego, hay silencio.
Ahora...
sábado 4 de septiembre de 2010
Stress al habla
Tal vez se relaciona con la forma de haber sido criado, tal vez viene de uno,tal vez es genético... Una opción podría ser además.
Da miedo. Ustedes saben, dar un paso al frente. Me esfuerzo en cosas pequeñas: ser el primero en exponer en clase, ser el primero en hablarle a alguien, ir directamente y conversar con un extraño en el bus.
Pero con estos pequeños cambios no se me quita este miedo. Del que es al real cambio, a las desiciones importantes. Mi cerebro choca con la moral, y muchas veces no decido porque DE VERDAD considero que todo lo que afecta a alguien más es SU responasabilidad y no debo tomar una desición. Hay momentos en que llego con todas las de cambiar mi rutina, aprovechar mis capacidades al máximo, pongo mi empeño. Pero de verdad, de verdad la mayoría de las veces no sé qué hacer. Actuo sin pensar o no actuo por pensar mucho. O en el transcurso de esta nueva actividad llego a ser la misma persona. O en su defecto, simplemente poco a poco va perdiendo poder en mi diario vivir. ¿Cómo sé si algo ha cambiado?
Ahora estoy ad portas de grandes oportunidades, he visto todas estas tremendas ideas consolidarse ( en apariencia) pero la gran mayoría quedan ahí, o simplemente no hacen un gran cambio. Los planes se ven tan espectaculares que no se de verdad cómo comenzarlos.
Y estoy cansado. Quiero un cambio radical, algo que me saque del piso. Algo que me haga extrañar mi casa. Tener hambre, frío y trabajo. Tener que conocer gente nueva para salir adelante, aventura. Pero algo que hacer al fin y al cabo. Algo que me haga exztrañar el hogar. Algo que me diga qué NO hay que hacer. Se que me la puedo. Algo que me quite la sensación de estar viviendo a medias.
Pero es que soy tan mamón...
Da miedo. Ustedes saben, dar un paso al frente. Me esfuerzo en cosas pequeñas: ser el primero en exponer en clase, ser el primero en hablarle a alguien, ir directamente y conversar con un extraño en el bus.
Pero con estos pequeños cambios no se me quita este miedo. Del que es al real cambio, a las desiciones importantes. Mi cerebro choca con la moral, y muchas veces no decido porque DE VERDAD considero que todo lo que afecta a alguien más es SU responasabilidad y no debo tomar una desición. Hay momentos en que llego con todas las de cambiar mi rutina, aprovechar mis capacidades al máximo, pongo mi empeño. Pero de verdad, de verdad la mayoría de las veces no sé qué hacer. Actuo sin pensar o no actuo por pensar mucho. O en el transcurso de esta nueva actividad llego a ser la misma persona. O en su defecto, simplemente poco a poco va perdiendo poder en mi diario vivir. ¿Cómo sé si algo ha cambiado?
Ahora estoy ad portas de grandes oportunidades, he visto todas estas tremendas ideas consolidarse ( en apariencia) pero la gran mayoría quedan ahí, o simplemente no hacen un gran cambio. Los planes se ven tan espectaculares que no se de verdad cómo comenzarlos.
Y estoy cansado. Quiero un cambio radical, algo que me saque del piso. Algo que me haga extrañar mi casa. Tener hambre, frío y trabajo. Tener que conocer gente nueva para salir adelante, aventura. Pero algo que hacer al fin y al cabo. Algo que me haga exztrañar el hogar. Algo que me diga qué NO hay que hacer. Se que me la puedo. Algo que me quite la sensación de estar viviendo a medias.
Pero es que soy tan mamón...
martes 19 de mayo de 2009
The Musician.
Y se detuvo... dejó de tocar aquella canción mientras sentía el olor a pez castilla que le causaba cierto escozor en la nariz. Podía ver cómo el comienzo del diapasón ya se había comenzado a teñir de blanco al igual qe las cuerdas se veían algo más gruesas por la capa de resina que había dejado el arco.
Miró su mano torcida de la forma poco natural en la que afirmaba el otro extremo del diapasón, posición uqe ya adoptaba con naturalidad. El silencio estaba presente junto a su mano que ya estaba abajo.
Levantó finalmente su mano a la altura de sus ojos y la dejó caer haciendo una leve presión con el índice sobre el arco para volver a soltar ese polvo blanco y aromático que le crea esa sensación de intimidad, junto a la vibración bajo su quijada, la presión sobre su hombro izquierdo y el profundo sonido que acaricia ya toda la cabeza.
Luego de unos momentos dejó de pensar en todo ese proceso y simplemente se dedicó a escuchar cómo la canción sonaba, como si no fuese él quien la toca, sino aquel artefacto que vibra al lado de su cuello como si tuviese vida propia.
Miró su mano torcida de la forma poco natural en la que afirmaba el otro extremo del diapasón, posición uqe ya adoptaba con naturalidad. El silencio estaba presente junto a su mano que ya estaba abajo.
Levantó finalmente su mano a la altura de sus ojos y la dejó caer haciendo una leve presión con el índice sobre el arco para volver a soltar ese polvo blanco y aromático que le crea esa sensación de intimidad, junto a la vibración bajo su quijada, la presión sobre su hombro izquierdo y el profundo sonido que acaricia ya toda la cabeza.
Luego de unos momentos dejó de pensar en todo ese proceso y simplemente se dedicó a escuchar cómo la canción sonaba, como si no fuese él quien la toca, sino aquel artefacto que vibra al lado de su cuello como si tuviese vida propia.
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